Ofrenda

Celebración de Día de Muertos CDMX 2016

Canto al agua

La Ofrenda rinde homenaje al legado de la gran Tenochtitlan, ciudad lacustre. Una ciudad que viajó por agua y se deslizó silenciosa y ataviada de montañas por nítidos canales que llegaban  hasta el Zócalo. Es una instalación contemporánea que incluye elementos rituales tradicionales (flores, papel picado y pan) para fomentar la participación de los visitantes.

Primero con pan de muerto y chocolate; después con la participación de los colectivos de cartoneros de la Fábrica de Artes y Oficios (Faro) de Oriente que copaban la plancha de la Plaza de la Constitución con figuras icónicas, el Zócalo se convirtió desde 1998 en el espacio de culto a los muertos del país.

Desde hace tres años el Gobierno de la Ciudad invita a un artista plástico mexicano a intervenir el espacio. En 2014 fue César Martínez y en 2015 Felipe Ehrenberg; este año la dirección artística está a cargo de la renombrada artista visual Betsabeé Romero.

Una instalación de a pie, sin monumentalidades o grandes edificaciones, con nombres y recuerdos a escala humana de los que admiramos y los que nos duelen, con los ingredientes de nuestras casas y cementerios, la mano de quien quiera recorrerla y ser parte.

Son 113 trajineras que vienen de tiempos muy distantes, a traer desde el pasado prehispánico sus viandas y circular por canales invisibles. Se trata de la añoranza de una ciudad que floreció en el agua y de trajineras que llegaron hasta el centro, ataviadas de colores, luces y al calor de quienes llegan. Así, el agua cantará desde los que vengan, desde esos ríos de gente que las moverán con sus palabras, con su energía que será un océano de recuerdos.

Trajineras para confluir y apropiarse de su canto, como en la mesa de su casa, invitando a escribir, llorar, cantar y susurrar sus nombres y apellidos, sus palabras fotos u objetos más cercanos. Vehículos confinados a los bordes de la ciudad y de la historia que hoy retoman el primer cuadro; esta gran plaza las recibe con la poderosa fiesta que una cultura ha sabido conducir con o sin agua, con o sin luz durante siglos y a lo largo de un país donde lo cíclico y lo lúdico, donde la naturaleza y sus ritos naturales cantados desde el agua, y bien resumidos por sus dioses, se han decantado hasta nosotros y hoy vienen en trajinera a circular con un deseo: el de animar la muerte con la vida y el de reanimar la vida con el canto del agua que sólo fluye en la memoria.

La Ofrenda -Canto Al Agua-